por Carlos Zito

Sin mentir, la crónica podría decir: “El viernes pasado, en un local de la zona del Abasto, cantores y músicos de tango interpretaron, entre otros clásicos, Dicha pasada, Antiguo reloj de cobre, Nido gaucho, El abrojito, Che bandoneón, Silbando, Viejo rincón, Uno, y Por una cabeza, mientras desde las mesas, el público, entusiasta, cantaba y bebía“.

A partir de esa descripción cualquiera podría pensar que se trató de una velada en alguna cantina cercana al mercado, en la década del ’50.

Sin embargo, la crónica corresponde a lo ocurrido este viernes en uno de los lugares -a pesar de su nombre barrial- más iconoclastas del tango, el Club Atlético Fernández Fierro, “el CAFF” para los amigos.
En efecto, el viernes 13 el Chino Laborde y Dipi Kvitko presentaron allí su tercer disco: TANGO TANGO VOL. 2 – “MADE IN JAPAN”, y lejos de los fierros de la Fernández, eligieron recrear ese clima íntimo que genera un cantor flanqueado de su guitarrista, interpretando viejos tangos, que los amigos desde las mesas acompañaron cantando.

Así fue que la presentación del disco se convirtió rápidamente en una misa, donde se pudo oír, además del dúo del CD, al talentoso Franco Luciani con su filarmónica de bolsillo, la chispeante guitarra de Moscato Luna, y la inconfundible voz porteña de Cucuza Castielo. Se sumaron luego otras voces: las de Juan Villareal, Karina Beorlegui, y las de buena parte del público, que cantó con ganas y buen humor, como queriendo probar que es cierto aquello de “El tango vuelve al barrio“.

 

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